Quién con la necesaria vanidad desvergonzada para crearse a si mismo un retrato?, saltaron miles de aquellos según cuenta la historia listos y armados para crear de si un camouflage magistral de todo lo que detestan de si mismos y mostrarse como seres de los que no tienen ni el 10% de mística.
El autorretrato refleja exactamente lo opuesto de la voluntad de su autor, razón por la que debemos ir en dirección exactamente opuesta para alcanzar la verdad de la representación, representación que mas que serlo es un maquillaje audaz de quién es un absurdo y lucha por no serlo, la constante lucha por engañar, el insaciable deseo por ser aceptado, no los deja dormir, ya no descansan, ahora eso lo es todo, luchar por un lugar en la historia de otros tristes inseguros, débiles e indolentes igual a ellos.
Desde épocas antiquísimas, desde el descubrimiento del arte plástico el retrato y autorretrato fueron corrientes que impactaron al ser humano gracias a su infinito egocentrismo que vislumbraba una apreciación a si mismo mas que a nada sobre la faz de la tierra, se maravilló, ocultó su asco y decidió retratarse, como la creación magna de un Dios hombre, a su imagen y semejanza.
Hoy en día encontramos el autorretrato mas presente que nunca, tecnológicamente, en redes sociales que muestran como carta de presentación al adornado y camuflado rostro de quién lo posee, su nombre como identificación de su personalidad y una serie de libros que jamás leyó, películas que jamás vio y música que vagamente llega a su comprensión, incluso si desea comunicarse se encuentra con una serie de rostros falsos, infantiles perfectamente falsificados, plenamente aceptables y hasta simpáticos, una falsedad minuciosamente armada donde todos hacemos el tonto y no mostramos una verdadera expresión por no parecer descortés.
El autorretrato..., muestra infantil de quien todavía guarda la esperanza de poder engañar a un público desengañado, réplica exacta de sus ídolos, punto débil de su permanencia en sociedad, desastre natural, confusión ezquizofrénica como la misma; propia de la juventud multipersonal, inestable e insegura, desleal, a veces se muestra como divinización de sus dioses en una cadena de normas de actitud obsequiada a una cultura sin esperanza con una idiosincrasia que se encuentra podrida hasta las raíces.
Armando Escobar
23/08/2013